Vie. Feb 13th, 2026

Perros y gatos no solo acompañan la vida cotidiana de millones de personas: también pueden transportar ADN humano entre hogares, vehículos y espacios donde sus dueños jamás estuvieron. Así lo reveló un estudio científico que podría transformar la manera en que se interpretan las pruebas genéticas en escenas del crimen.

La investigación fue publicada en la revista Forensic Science International y demuestra que los animales domésticos pueden actuar como vectores eficaces de transferencia de ADN humano, incluso tras contactos breves. Esto significa que el material genético hallado en su pelaje o en superficies relacionadas con ellos no siempre corresponde a quienes viven en el hogar.

El trabajo fue liderado por las científicas Heidi Monkman y Mariya Goray, de la Universidad Flinders, junto con Roland van Oorschot, vinculado a la Universidad La Trobe y al Departamento de Servicios Forenses de la Policía de Victoria, además de especialistas en ciencia forense del sur de Australia.

El objetivo fue determinar si un animal puede recibir, retener y trasladar ADN humano a personas y lugares distintos sin que exista contacto directo entre ellos. Para comprobarlo, diseñaron un experimento controlado con cinco perros de diferentes razas y un cuidador que no tenía relación previa con los animales, sus familias ni con la mayoría de los vehículos utilizados.

El procedimiento fue simple pero revelador. El cuidador trasladó a los perros entre distintos hogares y automóviles. Una hora después del contacto, se tomaron muestras de ADN en la cabeza, el lomo y los costados de los animales, así como en la camisa del cuidador y en el asiento trasero de los autos.

Los resultados mostraron que el ADN de al menos una persona residente en el hogar apareció en el 85 % de las muestras obtenidas de los perros. En los vehículos, ese porcentaje alcanzó el 35 %, mientras que en la ropa del cuidador fue del 10 %. A su vez, el ADN del propio cuidador se detectó en el 40 % de los perros y en el 13 % de los autos.

Uno de los hallazgos más llamativos fue que se identificó ADN de propietarios de vehículos en los perros y en la ropa del cuidador, aunque nunca hubo contacto directo entre ellos. En el 75 % de las muestras analizadas apareció al menos un contribuyente desconocido, lo que evidencia la complejidad de rastrear el origen del material genético en situaciones cotidianas.

La investigación también determinó que ciertas zonas del cuerpo del animal, como la cabeza y el lomo, retienen mayores cantidades de ADN. Además, la cantidad recuperada depende del tiempo transcurrido y del tipo de contacto.

Este fenómeno adquiere especial relevancia en delitos como el robo de mascotas o en escenas donde hay animales presentes. El ADN encontrado podría pertenecer a visitantes, transportistas o personas que interactuaron brevemente con el animal, y no necesariamente a los sospechosos principales.

El estudio subraya que los investigadores forenses deberían ampliar la toma de muestras en casos que involucren animales domésticos, incluyendo ropa, pelaje e interiores de vehículos. La transferencia indirecta de ADN suele presentarse como un componente minoritario dentro de mezclas genéticas, pero puede resultar clave para reconstruir los hechos o, si se interpreta de forma incorrecta, generar confusión.

En diálogo con Infobae, el doctor Guillermo Giovambattista, investigador del Instituto de Genética Veterinaria Ingeniero Fernando Dulout, explicó que es lógico que una persona deje su ADN al acariciar a un perro o un gato, del mismo modo que ocurre al tocar cualquier superficie. Recordó además que en procesos judiciales anteriores el ADN de animales domésticos ha servido para vincular a sospechosos con escenas del crimen.

Si bien los autores reconocen que el tamaño de la muestra fue limitado y que se requieren más estudios para generalizar los resultados, la conclusión es contundente: los animales pueden transportar ADN humano entre distintos entornos en lapsos muy breves.

Este hallazgo obliga a repensar la interpretación de la evidencia genética. Perros y gatos ya no son solo testigos silenciosos en una investigación criminal. Pueden convertirse en piezas clave para resolver un caso o en un factor que complique la reconstrucción de los hechos, demostrando que, en la ciencia forense moderna, incluso un simple traslado en auto puede dejar una huella invisible que viaja más lejos de lo imaginado.

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