Viajar a Los Cabos es sumergirse en un territorio donde el desierto se funde con el mar y cada jornada ofrece un paisaje distinto. Ubicado en el extremo sur de la península de Baja California Sur, este destino —históricamente elegido por figuras de Hollywood— busca hoy seducir al viajero latino con una combinación difícil de igualar: playas sin sargazo, reservas marinas, pueblos con identidad propia y propuestas de lujo accesible.
La región está integrada por cinco cabos —Cabo Pulmo, Cabo del Este, San José del Cabo, Cabo San Lucas y Cabo Finisterra— conectados por rutas escénicas que permiten recorrerlos en auto o mediante excursiones organizadas. Cada uno tiene carácter propio, pero todos comparten el contraste poderoso entre el Océano Pacífico y el Mar de Cortés.
Uno de los imperdibles es navegar al atardecer hacia el Arco de Cabo San Lucas, la icónica formación rocosa que marca el punto donde se encuentran el Pacífico y el Golfo de California. Desde la marina parten embarcaciones que, en un recorrido de unas dos horas, bordean la costa hasta llegar a esta postal natural. Allí también se ubican la Playa del Amor, del lado del Mar de Cortés, con aguas serenas y aptas para el baño, y la Playa del Divorcio, orientada hacia el Pacífico, donde el oleaje intenso impone respeto. Mientras el sol cae y el cielo se tiñe de dorado, es posible avistar lobos marinos y aves, en una escena que sintetiza la esencia del destino.
Si el Arco es la bienvenida, Cabo Pulmo es el corazón marino de la región. A unas dos horas por carretera desde Cabo San Lucas, atravesando desierto y pequeñas comunidades, se encuentra esta reserva que alberga el único arrecife de coral vivo del Golfo de California. Con más de 7.000 hectáreas protegidas, el Parque Nacional Cabo Pulmo es uno de los ejemplos más exitosos de conservación marina en México. Allí, la experiencia de snorkel permite nadar entre cardúmenes de jurel, observar tortugas y, con suerte, encontrarse con el tiburón ballena, cuya imponente silueta moteada contrasta con su carácter inofensivo.

El recorrido continúa por playas como Santa María y Chileno, dos bahías de aguas cristalinas ideales para kayak y snorkel. En Santa María, remar sobre el Mar de Cortés ofrece una perspectiva distinta de la costa, con acantilados y promontorios rocosos que enmarcan el paisaje. En Playa Chileno, la transparencia del agua permite descubrir la riqueza marina a poca profundidad, consolidando la sensación de contacto directo con la naturaleza.
Más allá del mar, la identidad cultural emerge con fuerza en San José del Cabo. Su centro histórico, con calles empedradas, arquitectura colonial y plazas animadas, invita a caminar sin prisa. La iglesia, las galerías de arte contemporáneo y las tiendas de artesanías revelan la tradición choyera que define a la península. Un walking tour guiado permite comprender la evolución histórica del lugar y su transformación en un polo cultural que equilibra turismo y vida local.
La aventura cambia de escenario en El Migriño, a unos 30 kilómetros de Cabo San Lucas, donde el desierto se convierte en parque de adrenalina. En el complejo Cactus Tours, la experiencia del sky bike —una bicicleta suspendida a más de 20 metros de altura y reconocida por su longitud récord— ofrece vistas panorámicas de dunas y océano. También hay paseos en camello, cuatrimotos y buggies que recorren cañones y senderos arenosos, en una propuesta que combina emoción y conciencia sobre el bienestar animal, ya que los camellos fueron rescatados y hoy viven protegidos.
A poco más de una hora por la ruta costera del Pacífico se encuentra Todos Santos, declarado Pueblo Mágico. Sus calles adoquinadas, edificios históricos y ambiente artístico lo convierten en una escala imprescindible. Allí destaca el emblemático Hotel California, inaugurado en 1950 y rodeado de leyendas musicales. La visita puede completarse con una degustación en Tequila Town, donde maestros mezcaleros explican la diferencia entre el mezcal —ligado a métodos ancestrales y a la diversidad de agaves— y el tequila, asociado a procesos más industrializados. La cata se transforma en un viaje sensorial donde aparecen notas ahumadas, terrosas y herbales, conectando al visitante con tradiciones profundas de México.
Recorrer Los Cabos es transitar escenarios contrastantes en distancias relativamente cortas: del kayak en aguas calmas al rugido de motores en el desierto, del silencio submarino en Cabo Pulmo al bullicio artístico de San José del Cabo. El acceso aéreo directo desde distintas ciudades de América Latina, incluido el reciente vuelo desde Panamá, facilita aún más la llegada a este rincón donde el sol parece perderse en el horizonte del Pacífico.
Entre dos mares y el desierto, el sur de Baja California Sur ofrece una experiencia diversa y envolvente. Un destino donde la naturaleza extrema, la cultura local y la aventura conviven en equilibrio, invitando a descubrirlo sin prisa y, casi inevitablemente, a querer regresar.
