Porfirio Martínez, un abogado entre la Lucha Social y la Ley
Por José Sobrevilla
Para Porfirio Martínez, la abogacía no fue una elección académica, sino un destino marcado por la geografía y la observación. Desde su infancia, en Tlalnepantla, su mirada se detenía en los vagones de tren que servían de vivienda a los ‘peones de vía’: «congeladoras en invierno y hornos en verano»; recuerda que ahí, los niños caminaban descalzos y con ropas raídas. Esa imagen de injusticia, sumada a la vena defensora de su padre —un minero elegido por sus pares para representarlos ante la Junta Permanente de Conciliación sólo por saber “leer y escribir”—, forjó el espíritu de quien hoy se define como un abogado que le debe su carrera al pueblo mexicano.
Nacido en Tlalnepantla, Estado de México, el 17 de marzo de 1954 en una familia modesta: madre michoacana y padre guanajuatense, con tres hermanas mayores, estudió primaria y secundaria en Tlalnepantla, y los siguientes saberes los obtuvo en la Preparatoria # 8 de la UNAM y posteriormente en la Facultad de Derecho de la misma institución. En 1981 se unió a su esposa, también militante del Partido Mexicano de los Trabajadores, PMT, con quien tuvo dos hijos: Manlio (nacido en 1983) y Berenice Francisca (nacida en 1985), de quienes señala estar orgullo porque ambos son científicos dedicados a su profesión y con la misma convicción de ayudar al pueblo.
Aunque a los once años dejó de ser creyente, ha mantenido una fidelidad a principios espirituales auténticos y agradece profundamente las oraciones y la energía positiva que recibe de los grupos, principalmente obreros, que ha defendido. Cuenta que, cuando defendía −hace ya veinte años− a los braceros, que habían ido a trabajar en Estados Unidos, de repente tuvo una fuerte enfermedad y que estuvo a punto de fallecer. Unos viejitos diariamente rezaban por su salud de 7 a 8 de la mañana, le comentó la coordinadora de los braceros. “No soy religioso, pero lo que hacen me fortalece. Dígales que se los agradezco”.
Su práctica profesional comenzó en el despacho de Armando Castillejos, el primero en fundar un sindicato independiente en México y que fue el de la empresa fabricante de losa El Ánfora. Con él aprendió a litigar y se acercó a figuras como Heberto Castillo y Demetrio Vallejo. Fue miembro fundador del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) en 1974 y, como secretario de Asuntos Campesinos del PMT, enfrentó situaciones de alto riesgo, incluyendo un secuestro en la Huasteca Hidalguense por parte de caciques locales, del cual fue rescatado por militares.
Conoció y colaboró estrechamente con Demetrio Vallejo en la asesoría legal de movimientos obreros emblemáticos, como el de los trabajadores de Refrescos Pascual, que −al ganar el caso− culminó en la formación de su exitosa cooperativa; y participó también, tras el fraude electoral de 1988, en la fundación del Partido de la Revolución Democrática, PRD, donde. bajo la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, fue presidente de la Comisión Nacional de Garantías y Vigilancia; ahí −aseguró− trabajó por la transparencia y el respeto a los estatutos.
Se desempeñó como presidente de ese partido en la Ciudad de México y realizó el cabildeo necesario para validar la candidatura de López Obrador a la Jefatura de Gobierno en el año 2000. Durante las últimas dos décadas, defendió legalmente a los ex braceros (trabajadores de la Segunda Guerra Mundial), caso que ganaron mediante el fallo de la jueza Paula María García Villegas Sánchez Cordero, hija de Olga Sánchez Cordero, pero que Enrique Peña Nieto, con sus amigos en la Corte, encabezados por Eduardo Tomás Medina-Mora Icaza, la echaron abajo; controversia que llevó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, por aplicación retroactiva de leyes que privaron de sus ahorros de toda la vida de estos trabajadores. Fundó también la asociación cívica ‘Mexicanos Unidos’ para cuestionar la versión oficial sobre la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y para la lucha por la reconstrucción y la dignidad de México.
“Sigo militando políticamente y, en el 2004-2005, cuando formamos la AC Mexicanos Unidos, fuimos los únicos que nos enfrentamos a la famosa ‘verdad histórica’ del gobierno de Peña Nieto, con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, de los que decían habían sido cremados.
“Uno de los fundadores también de esa Asociación Cívica fue un gran científico mexicano, el doctor Jorge Montemayor Aldrete, gran científico, miembro del Instituto de Física de la UNAM. Y él, con otros científicos de la misma institución, encontraron que no había posibilidad alguna de que se hubieran cremado los cuarenta y tres cuerpos. Lo demostraron científicamente, y con eso “echamos abajo esa narrativa, lo que ha servido mucho a los padres para defenderse, porque le decían directamente en la mesa a Peña Nieto, ‘a nosotros danos razones científicas’, no esto que dicen ustedes, demuéstrenos científicamente que hubo esa cremación”.
“Peña Nieto pidió, a gente de su equipo, que fueran a Estados Unidos a las universidades más importantes de Estados Unidos para desechar el estudio que habían hecho los compañeros de la UNAM, y los doctores de física de Harvard y de otras universidades les dijeron: ‘no, el doctor Jorge Montemayor y su equipo están en lo correcto’. Y eso sirvió para echar abajo la versión oficial del gobierno”.
Porfirio Martínez ganó un amparo histórico contra el gobierno de Salinas de Gortari que permitió la reinstalación de 300 trabajadores despedidos de Luz y Fuerza del Centro, y con ese caso llegó a generar honorarios que financiaron la campaña electoral del PMT. “Ganamos mucho dinero, porque los honorarios que yo cobraba a los trabajadores eran ingresos para el partido, todavía PMT, y entonces, muchos abogados, como Arturo Alcalde Justiniani, me reprochaban que yo ganaba en el Partido casi el salario mínimo”.
Una anécdota clave que define su compromiso, fue cuando a mitad de su carrera de abogado, Porfirio estuvo a punto de abandonar sus estudios, asqueado por el ambiente conservador y «derechoso» de la Facultad de Derecho; sin embargo, fue don Heberto Castillo quien lo confrontó; le dijo, «No, Porfirio… necesitamos abogados que se preparen para ayudar al pueblo». Esa reprimenda lo devolvió a las aulas y lo llevó a terminar su formación con un propósito claro: usar la técnica jurídica como arma de lucha.
Durante el litigio contra la empresa Generalidad Kreimerman, en el ámbito profesional, relata Porfirio como un momento de prueba cuando el presidente de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, lo llamó a su oficina para ofrecerle una «propuesta personal» de 200 millones de pesos para resolver el asunto, tratándolo como brillante, inteligente (…) pero la respuesta de Porfirio Martínez fue tajante: «A mí no me ande haciendo esas propuestas… yo no litigo para mí, litigo para la gente». Esta firmeza, aunque le costó la relación con altos funcionarios, reafirmó su prestigio como un abogado insobornable.
A nivel personal, Porfirio se muestra orgulloso de sus hijos, Manlio y Berenice, ambos científicos dedicados; con especial afecto menciona cómo Berenice, doctora en matemáticas, heredó un amor por la disciplina que él mismo descubrió tardíamente gracias a un gran maestro de preparatoria.
“Por mi profesión, también me ha tocado participar en la creación de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos, la ANAD, con el doctor Emilio Krieger. Y ahora, por cuestiones que se dieron, muchos compañeros de la ANAD se sienten comprometidos con el gobierno de Morena, lo que los ha alejado un poquito de la defensa de nuestros pueblos y sobre todo de la imparcialidad ante el Gobierno de la 4T.
“Como no podemos ser juez y parte, esto dio origen a que se formara un nuevo organismo de profesionistas del derecho que se llama Colegio Nacional de Abogados Democráticos, que encabeza nuestro compañero Virgilio Palacios Ríos, un abogado joven y, pues, nuestros queridos compañeros ya expertos: Lauro Jonathan Sol, que fue presidente de la ANAD hace varios años, y la compañera Berta (Galeana), que no es tan grande de edad, y que fue también presidenta; y ahora están apoyando a estos jóvenes que están asumiendo la responsabilidad en el Colegio Nacional de Abogados Democráticos.
Hoy, desde su despacho en el edificio de Independencia 101 —lugar que alguna vez albergó a Fidel Castro y al «Che» Guevara—, Porfirio Martínez sigue activo. Dice no aspirar a honores, sino a la congruencia y se despide agradeciendo a la vida por las lecciones recibidas de los pueblos originarios y la gratitud de los «viejitos» braceros, recompensas que considera valiosas en su existencia. (VideoENTREVISTA en SociodigitalTV y @SobrevillasProductions)
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