Mar. Feb 24th, 2026

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través del Centro INAH Sinaloa, ha intensificado las acciones para que el ulama, juego tradicional de origen prehispánico, obtenga reconocimiento y protección como patrimonio cultural. La estrategia se desarrolla en dos frentes: su inscripción en el Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de México (IPCIM) y los preparativos para postularlo ante la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

En la comunidad de El Castillo, en el municipio de Navolato, especialistas del INAH documentaron la variante de ulama de antebrazo, una de las formas vigentes de este antiguo juego de pelota mesoamericano. Paralelamente, se definieron estrategias jurídicas y culturales orientadas a garantizar la salvaguardia de la práctica y reforzar su vínculo con el territorio sinaloense.

Silvia María Sepúlveda Ponce, coordinadora del Proyecto Ulama, subrayó la urgencia de crear un registro oficial de jugadores. Este instrumento busca proteger a los portadores frente a posibles intentos de apropiación externa y fortalecer la legitimidad regional sobre las reglas, dinámicas y formas de transmisión del juego. La medida pretende blindar el carácter comunitario del ulama y evitar que terceros se adjudiquen su representación sin el consentimiento de quienes lo han preservado por generaciones.

Para los portadores, el ulama trasciende la dimensión deportiva. Se trata de un elemento central de cohesión social, identidad y resiliencia comunitaria frente a los desafíos contemporáneos. En este contexto, la tradición establece una diferencia clara entre “portador” y “practicante”. El primero hereda el conocimiento de manera directa, a través de la transmisión familiar y comunitaria; el segundo aprende mediante procesos externos. Esta distinción es fundamental en el programa piloto de enseñanza impulsado por el INAH, ya que la formación debe recaer exclusivamente en manos de portadores legítimos para asegurar la conservación de la técnica original y los valores asociados a la práctica.

La continuidad del ulama enfrenta, sin embargo, desafíos estructurales. Entre ellos destacan la falta de financiamiento, las dificultades logísticas para el traslado de los jugadores y la obtención de materiales esenciales, particularmente el hule natural con el que se elaboran las pelotas, cuyo peso puede variar entre 500 gramos y hasta 4 kilos, dependiendo de la modalidad.

El Centro INAH Sinaloa encabeza el proceso de inscripción en el IPCIM mediante talleres de autogestión, reuniones con jugadores y autoridades municipales, así como la firma de manifiestos de consentimiento que acreditan el respaldo comunitario. A esta iniciativa se han sumado el Instituto Sinaloense de Cultura, el Congreso del Estado y los ayuntamientos de Mocorito, Mazatlán, Salvador Alvarado y Escuinapa, que apoyan la gestión ante instancias nacionales e internacionales.

El objetivo es claro: que toda difusión del ulama, tanto en el ámbito nacional como en el extranjero, reconozca a Sinaloa como origen y custodio de esta práctica ancestral. Con ello se busca evitar apropiaciones indebidas y asegurar que los beneficios culturales, sociales y económicos derivados de su reconocimiento recaigan en la comunidad portadora. El impulso actual representa no solo un paso hacia su protección jurídica, sino también una apuesta por preservar viva una de las expresiones más antiguas del patrimonio mesoamericano.

por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *