Lun. Feb 23rd, 2026

La creencia popular de que golpear un saco de boxeo, salir a correr o gritar ayuda a liberar la ira podría estar equivocada. Una revisión de estudios liderada por la Universidad Estatal de Ohio concluye que desahogarse no solo es ineficaz para reducir el enojo, sino que en algunos casos puede intensificarlo.

El trabajo, publicado en la revista Clinical Psychology Review y difundido por Science Alert, analizó 154 estudios con datos de 10.189 participantes de distintas edades, culturas y contextos sociales. El objetivo fue evaluar qué estrategias funcionan realmente para controlar la ira y la agresión.

Los investigadores diferenciaron entre actividades orientadas a disminuir la excitación fisiológica —como la meditación, la respiración profunda, el yoga de flujo lento o la relajación muscular progresiva— y aquellas que tienden a aumentarla, como el ejercicio físico intenso o golpear objetos. Los resultados fueron consistentes: las técnicas que reducen la activación corporal son significativamente más eficaces para disminuir la ira.

El estudio fue dirigido por el psicólogo Brad Bushman, quien afirmó que no existe evidencia científica que respalde la teoría de la catarsis, es decir, la idea de que expresar o “liberar” el enojo previene explosiones emocionales futuras. Según el análisis, el llamado mito de la “olla a presión” carece de sustento empírico en la literatura científica revisada.

Por el contrario, actividades comúnmente recomendadas como forma de desahogo —salir a correr, practicar deportes de contacto o golpear un saco— no solo no redujeron la ira, sino que en algunos casos aumentaron la irritación al elevar la activación fisiológica. El incremento del ritmo cardíaco y la excitación corporal parece reforzar el estado emocional en lugar de apaciguarlo.

La revisión encontró que las estrategias de relajación psicofísica presentaron un tamaño de efecto de –0,63 en la reducción de la ira, un resultado considerado estadísticamente relevante. Además, su eficacia se mantuvo estable en distintos grupos, incluyendo personas con antecedentes legales o con discapacidad intelectual, y no mostró diferencias significativas entre estudiantes y población general. También se comprobó que estas técnicas funcionan tanto en formato presencial como en modalidad online.

El análisis incluyó variables como edad y contexto cultural. Los datos sugieren que la ira tiende a disminuir progresivamente después de los 50 años. Asimismo, en culturas colectivistas se observan expresiones menos explosivas de enojo, posiblemente debido a normas sociales que favorecen la regulación emocional y la supresión de emociones negativas.

El marco teórico del estudio se apoya en la teoría de los dos factores de Schachter-Singer, que sostiene que las emociones dependen tanto de la activación fisiológica como de la interpretación cognitiva del evento que las provoca. En este sentido, modificar únicamente la interpretación mental del enojo puede resultar insuficiente si no se interviene también sobre la activación corporal.

Los autores advierten que algunas formas de desahogo pueden generar una sensación inmediata de alivio o placer, lo que refuerza conductas agresivas y dificulta el aprendizaje de estrategias más saludables de autorregulación. Por ello, recomiendan optar por métodos sencillos y accesibles, como realizar respiraciones profundas, practicar yoga de ritmo lento, utilizar aplicaciones de relajación o seguir ejercicios guiados en video.

Si bien el estudio no cuestiona los beneficios generales del ejercicio físico para la salud cardiovascular y mental, sí pone en duda su eficacia inmediata para gestionar la ira cuando se practica con la intención de calmar el enojo. La evidencia sugiere que, en lugar de “sacar” la rabia, resulta más efectivo disminuir la excitación corporal para recuperar el equilibrio emocional.

La revisión invita así a replantear una idea ampliamente difundida en la cultura popular: que la mejor manera de controlar la ira es liberarla físicamente. Según la ciencia, la clave no está en intensificar la activación, sino en aprender a reducirla.

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