Acapulco es un campo de 18 hoyos donde el viento suele jugar a tu favor, pero ayer, los organizadores de «Era de Dinosaurios» calcularon mal el lie de la bola. Intentaron atacar el green del Club de Golf con un swing potente pero sin la dirección técnica necesaria, y terminaron firmando una tarjeta de descalificación antes de completar el primer hoyo.
La logística de eventos, al igual que un buen putt, requiere precisión milimétrica. Fonatur, actuando como el Marshall del campo, detectó que el organizador estaba jugando con palos no autorizados: tenían el permiso para el Centro de Convenciones (un campo estatal), pero decidieron hacer el drive hacia los terrenos federales de Fonatur sin la autorización correspondiente. En el golf, como en la gestión pública, si te equivocas de fairway, la penalización es severa.
Tras una reunión este sábado que debió sentirse como un playoff bajo presión, los representantes del espectáculo aceptaron el error y decidieron levantar la bola. Desmontan la carpa para evitar un castigo mayor y buscan un nuevo rough donde instalarse sin que la autoridad les marque un stroke de penalidad. Fonatur, con la flema de un veterano en Augusta, lamentó los inconvenientes, pero recordó que en su club, la seguridad es el handicap que no se perdona.
Rumbo al 2026, México no puede permitirse estos bogeys organizativos. Si queremos ser los anfitriones del mundo, nuestra logística debe ser tan limpia como un hole-in-one. No basta con tener el espectáculo; hay que saber leer la caída del green y respetar las estacas de la ley.
El Dato de La Capi: El Club de Golf de Acapulco, fundado en 1949, es un ecosistema donde la zonificación federal exige protocolos de seguridad que superan en un 40% la rigurosidad de los recintos cerrados convencionales. En eventos de alto impacto, ignorar la jurisdicción es, estadísticamente, el camino más corto hacia la cancelación total.
