Por Juan Pablo Ojeda
La selección nacional de futbol de Egipto derrotó tres goles por uno a su similar de Nueva Zelanda en el partido correspondiente a la segunda jornada del Grupo G de la Copa del Mundo 2026, celebrado en el estadio BC Place de Vancouver. El resultado rompe la racha histórica de la escuadra africana, que no registraba victorias previas ante el conjunto oceánico en la justa mundialista. Con este triunfo, el equipo dirigido técnicamente por el cuerpo técnico de los Faraones acumula cuatro unidades en el sector, desplazando a las selecciones de Bélgica e Irán tras el empate a cero goles registrado entre ambas escuadras en el primer turno del día.
El planteamiento táctico inicial de Nueva Zelanda neutralizó el mediocampo egipcio durante los primeros 45 minutos del encuentro, reflejándose en el marcador al minuto 24. El defensor Finn Surman convirtió la primera anotación del partido mediante un remate dentro del área grande, derivado de una asistencia directa del lateral Tim Payne. La anotación capitalizó el dominio del conjunto de Oceanía, que mantuvo una eficiencia del 82% en pases completados y limitó las aproximaciones del ataque africano a dos disparos de larga distancia que no requirieron intervención del guardameta.
Durante el periodo inicial, Egipto registró una posesión del balón del 58%, pero careció de profundidad y volumen de juego en el último tercio de la cancha. La presión por conseguir el resultado para evitar la eliminación matemática forzó al equipo a adelantar las líneas de contención de manera progresiva, dejando espacios que Nueva Zelanda explotó mediante contragolpes directos dirigidos por Payne. La defensa egipcia solventó tres transiciones ofensivas críticas antes de concluir la primera mitad, manteniendo el diferencial mínimo antes del descanso intermedio.
El ajuste técnico de Egipto para el segundo tiempo alteró la dinámica del partido, incrementando la intensidad de la presión alta en la salida neozelandesa. Al minuto 52, el delantero Mostafa Ziko finalizó una combinación colectiva que superó la línea de cinco defensores implementada por los «All Whites», decretando el empate a un gol. El impacto anímico de la anotación redujo la precisión de Nueva Zelanda, que disminuyó su posesión de la pelota a un 35% en los treinta minutos subsecuentes del periodo complementario.
La figura del extremo del Liverpool de la Premier League, Mohamed Salah, consolidó la remontada al minuto 67 del tiempo corrido tras conducir un ataque individual por la banda derecha. Salah superó la marca de dos defensores centrales y definió con un disparo colocado al poste izquierdo, rompiendo una racha de minutos sin anotación en torneos oficiales internacionales. La ventaja egipcia modificó el esquema de Nueva Zelanda, que se vio obligada a realizar tres cambios ofensivos para buscar el empate, desgastando su estructura física.
El cierre del encuentro se definió al minuto 81 mediante una jugada a balón parado ejecutada desde el sector derecho del terreno de juego. El mediocampista Trezeguet conectó un tiro de esquina para dictaminar el tres a uno definitivo, aprovechando la pérdida de marcas de la zaga oceánica en el área chica. Los datos del partido confirman que Egipto realizó 14 disparos totales, de los cuales siete llevaron dirección de portería, mientras que Nueva Zelanda finalizó el juego con cuatro tiros francos al marco rival.
Las consecuencias numéricas en el Grupo G colocan a Egipto en una posición favorable para acceder a los dieciseisavos de final, requiriendo un empate en su último compromiso frente a Irán para asegurar la clasificación. Por el contrario, Nueva Zelanda queda comprometida en el fondo del sector con un solo punto, obligada a derrotar a la selección de Bélgica en la última fecha de la fase de grupos y depender de la diferencia de goles para mantener posibilidades matemáticas de avanzar a la siguiente ronda del torneo.
